Junio es un mes que toca fibras profundas.
El Día del Padre no es solo una fecha en el calendario. Es una oportunidad para mirar hacia atrás y reconocer todo lo que la figura paterna ha significado en nuestro camino. Para nombrar esos regalos invisibles que un padre nos deja, esos que muchas veces solo entendemos años después.
Un padre puede ser muchas cosas: guía, sostén, maestro silencioso… o incluso una ausencia que nos enseñó a ser fuertes. A veces nos deja regalos que no entendemos hasta muchos años después: una forma de mirar la vida, una frase, una canción, un valor que llevamos en la piel sin darnos cuenta.
Y este mes de junio, quiero abrir contigo este espacio. Un espacio para honrar a esos pilares de fortaleza, amor y guía que, de una forma u otra, siguen estando allí, ayudándonos en nuestro camino.
Mi papá ya no está en este plano, pero lo siento muy presente en mi vida
Hace 16 meses, mi papá trascendió.
Sucedió justo mientras yo estaba escribiendo Señales desde el Cielo, mi segundo libro. Un libro que habla, precisamente, de los mensajes que nuestros seres queridos nos envían desde el otro lado del velo.
Y de repente, ese libro dejó de ser solo un proyecto profesional. Se convirtió en algo profundamente personal. En una conversación abierta con mi papá. En una manera de seguir hablándole, de seguir escuchándolo, de seguir aprendiendo de él incluso cuando él ya no podía sostenerme la mano de este lado.
Hace un año, escribí en mi newsletter que aunque mi papá ya no estaba en este plano, lo continuaba sintiendo presente en mi vida, tanto o más que antes. Que su energía me acompañaba, sobre todo en los momentos en que dudaba, cuando lo extrañaba, cuando necesitaba fuerza, o cuando simplemente me detenía a agradecer por todo lo vivido.
Hoy, un año después, te puedo confirmar algo con toda la certeza del alma:
“Los padres que han partido siguen caminando a nuestro lado. A veces como guía. A veces como inspiración. Pero siempre como amor.”
Mi papá me sigue acompañando. Lo siento cuando lo saludo a él y a mi mami al despertarme en las mañanas. En esa canción que de repente suena justo cuando estoy dudando de algo. En las palabras que llegan a mi escritura el día exacto que las necesito. En los abrazos silenciosos que se cuelan entre los días.
Su presencia se transformó. Pero nunca, ni un solo día, se fue.
Y también honro a los padres que están aquí
Este mes, quiero dedicarlo a honrar a mi papá. Pero también a mi esposo, un padre maravilloso para nuestros hijos.
Su objetivo siempre ha sido el mismo: ayudarlos, motivarlos, empujarlos y abrirles camino para que tengan un mejor futuro. A través de él, veo reflejada esa misma fortaleza y amor que mi papá siempre me transmitió a mí. Y eso es algo que valoro inmensamente.
Porque hay algo hermoso que pasa cuando una se permite mirar con ojos nuevos: el legado de un padre no se queda solo en el recuerdo. Se multiplica. Se traduce. Vuelve a aparecer en otros padres, en otras formas, en otras manos amorosas que siguen sosteniendo a las generaciones que vienen.
Si tu papá ya está en el Cielo, mira a tu alrededor. Quizás haya un esposo, un hermano, un cuñado, un amigo, incluso un hijo varón ya adulto, en quien la energía de tu padre se sigue manifestando. No es casualidad. Los padres del Cielo, muchas veces, se las arreglan para seguir cuidándonos a través de los hombres buenos que ponen en nuestro camino.
Si tu papá todavía está aquí: abrázalo sin reservas
Quiero detenerme un momento, porque sé que también me estás leyendo tú: la mujer que aún tiene a su papá, pero que tal vez lleva tiempo sin llamarlo, sin abrazarlo, sin decirle lo que siente.
Alma de Luz, llámalo hoy.
No esperes al domingo. No esperes al Día del Padre oficial de tu país. Si tu padre está en el Cielo, como el mío, quizás sientas ese lazo invisible pero eterno. Y si aún lo tienes contigo, abrázalo con el alma, sin reservas. Porque el tiempo pasa, pero el amor verdadero no se borra nunca.
Después de acompañar a tantas mujeres en el duelo de su padre, te puedo asegurar algo que aprendí de la manera más dolorosa: las hijas que se arrepienten no se arrepienten de haber dicho “te quiero” demasiado. Se arrepienten de no haberlo dicho lo suficiente.
Cinco maneras suaves de honrar a tu padre este mes
No tienes que celebrar nada que no quieras celebrar. Pero si sientes que necesitas un ritual que te ayude a transitar el día con más amor que dolor, aquí te dejo cinco invitaciones suaves, pensadas para ti, esté tu papá donde esté:
1. Enciende una vela y háblale como antes
No tiene que ser una oración formal. Cuéntale lo que está pasando en tu vida ahora. Dile lo que quisieras haberle dicho la última vez. Tu papá te escucha. Y te responde, aunque tal vez aún no sepas reconocer su nueva manera de comunicarse.
2. Escribe una carta y léela en voz alta
La escritura es una de las formas más sanadoras de seguir conectada con un padre. Escribe sin filtro, sin querer sonar bonita. Llora si te toca. Permítete decirle todo lo que no le dijiste a tiempo. Tu papá ya lo escuchó del otro lado, pero a ti te sana ponerlo en palabras.
3. Cocina su receta favorita
La memoria del cuerpo es una memoria espiritual. El olor de aquel plato que tanto le gustaba, el sabor de aquel postre que él hacía los domingos, son puertas. Cocínalo con conciencia. Pon música suave. Invítalo a sentarse a tu lado mientras lo preparas.
4. Mira fotos viejas, sin huir del dolor
A veces evitamos las fotos porque duelen. Pero el dolor que no se transita se queda atrapado. Mira sus fotos. Permítete reír con sus gestos. Llorar con esa sonrisa que extrañas tanto. El dolor que se siente con conciencia es dolor que sana.
5. Pídele una señal específica
Cierra los ojos esta noche y pídele a tu papá una señal concreta. Un colibrí. Una mariposa amarilla. Una canción específica. Y suelta. No la persigas. No la fuerces. Las señales llegan cuando dejamos de buscarlas con desesperación y empezamos a esperarlas con confianza.
Una reflexión para llevar este mes
✨ Reflexión del alma:
¿Qué aprendiste de tu padre (o de su ausencia) que hoy te hace más fuerte?
Escríbelo. Agradécelo. Y deja que la luz de esa enseñanza te acompañe a lo largo de este mes.
A veces, las enseñanzas más profundas no llegan en forma de consejo, sino en forma de gesto. En la manera en que tu papá te miraba. En cómo defendía algo que creía justo. En ese abrazo cuando lo necesitabas. En la forma en que te enseñaba a sostenerte sola sin que tú te dieras cuenta.
Honrar a un padre, esté donde esté, es reconocer todo eso. Es darle nombre a lo invisible. Es decir gracias en voz alta por lo que recibiste, incluso cuando recibiste poco.
Cuando el legado de tu papá te invita a volver a vivir
Si has llegado hasta aquí, intuyo algo de ti.
Intuyo que has estado caminando con un peso en el pecho. Que extrañas a tu papá con un amor que duele. Y que aunque por fuera te ves entera, por dentro hay días en los que no sabes cómo seguir adelante sin él.
Quiero decirte algo con muchísima ternura: querer volver a vivir no es traicionar a tu papá. Es honrarlo de la forma más profunda posible.
Tu papá no se sacrificó toda una vida por ti para verte detenida. No te enseñó a ser fuerte para verte renunciar a tus sueños. No te dejó ese legado de amor para verte cargando culpa cada vez que te permites un momento de alegría.
Tu papá quiere verte florecer. Tu papá quiere verte volver a vivir.
Y si hay una parte de ti que ya está lista para dar ese paso, pero otra parte se siente paralizada, quiero decirte que ese lugar es justo donde el acompañamiento espiritual hace la diferencia más grande.
Por eso creé Volver a Vivir.
Es mi mentoría 1:1 más íntima y profunda. Un acompañamiento personal de seis sesiones a lo largo de diez a doce semanas, diseñado para mujeres como tú: mujeres que han vivido una pérdida —la muerte de un ser querido— y que están listas, en lo más profundo, para volver a vivir, aunque la culpa a veces las paralice.
No es terapia. No es un curso grupal. Es un espacio uno a uno, donde te acompaño con mis más de 20 años de experiencia como médium, canalizadora de ángeles, hipnoterapeuta clínica y coach de vida y espiritual, para que reconstruyas tu vida con propósito, desde adentro hacia afuera, con el componente espiritual como hilo conductor.
Solo abro 3 espacios por apertura.
Si sientes el llamado en el pecho mientras lees esto —ese llamado suave que no se confunde con nada—, quiero invitarte a postular aquí.
Y si tienes alguna pregunta antes de postular, escríbeme directamente y con mucho cariño te ayudaremos.
Tu papá, desde donde está, está orgulloso de la mujer en la que te has convertido. Y está esperando verte volver a brillar.
Y yo, desde aquí, estoy lista para acompañarte.
Honremos juntas a todos los padres, los que están aquí y los que nos guían desde el Cielo. Esos pilares de fortaleza, amor y guía que, de una forma u otra, siguen estando allí, ayudándonos en nuestro camino.
Te envío un abrazo de Luz y Amor,