Muchas personas me escriben contándome que lo más duro de su duelo es no haber podido despedirse de su ser querido antes de que partiera. Esa sensación de “me faltó decirle algo” o “no estuve ahí en su último momento” puede quedarse grabada en el corazón por años.
Durante los años en los que ofrecía sesiones privadas, también era un tema que escuchaba con mucha frecuencia: hijos que no pudieron llegar a tiempo, parejas que no sabían que ese día sería el último, amigos que nunca se imaginaron que ya no tendrían otra oportunidad para decir “te quiero”.
A menudo nos atormentamos por no haber estado presentes en el momento del fallecimiento. Pero la verdad es que no haber estado allí en el último suspiro no borra los años de amor y momentos compartidos. Cuando los espíritus se comunican, nunca se muestran como se veían en su lecho de muerte. En cambio, aparecen como su mejor versión, sanos, felices, libres y llenos de amor.
Nada queda sin decirse
Aunque ya no estén físicamente a nuestro lado, nuestros seres queridos no se han ido. Siguen velando por nosotros, amándonos y escuchando nuestros pensamientos. Puedes seguir compartiendo tus sentimientos con ellos, hacerles preguntas y cerrar asuntos pendientes. La manera de hacerlo, depende de ti… Puedes hablarles en silencio, en voz alta, escribirles una carta o hasta dejarles notas. Ellos lo recibirán. He acompañado a muchas personas que encontraron paz al escribir aquello que quedó pendiente y guardarlo en un lugar especial. Ese simple gesto abre el corazón y permite sentir la presencia amorosa de su ser querido de una forma más clara.
Diferentes formas de comunicarte
No existe un único ritual o una fórmula rígida. Lo importante es la intención. Puedes escribir en un diario, hablarles mientras manejas, rezar, meditar o simplemente cerrar los ojos y sentirlos cerca. Los lazos de amor que los unen nunca se romperán, y esa conexión seguirá viva mientras los recuerdes con amor.
El “último adiós” es para nosotros, no para ellos
Tus seres queridos ya saben cuánto los amas. Incluso si estaban inconscientes, con Alzheimer o pareciera que no podían reconocerte, al pasar al otro lado todo se aclara. Ellos reciben cada palabra, cada lágrima, cada pensamiento. Para ellos no hay despedida final: siguen acompañándote, cuidándote y dándote señales.
Recuerdo el caso de una madre que me compartió su experiencia: después de perder a su hijo, comenzó a escribirle cada día en un cuaderno. Tiempo después, en una canalización, él le transmitió un mensaje muy claro: “Dile a mi mamá que leí todos sus mensajes”. Ese detalle le dio una paz enorme, porque confirmó que su hijo sí había recibido cada palabra.
Quiero que recuerdes algo hoy: aunque no hayas podido estar en ese último instante, nunca dejaste de estar presente en la vida de tu ser querido. Y él o ella nunca ha dejado de estar en la tuya.
Te envío un abrazo inmenso cargado de Luz y Amor.
Laura.
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